Ciudad empapada
A raíz del la muerte del papa Juan Pablo II el pasado sábado, todos los medios de ésta ciudad dedicaron sendos espacios a la noticia y diversas remembranzas y la televisión no fue la excepción, ya que durante TODO el fin de semana se transmitió en vivo desde el Vaticano, hubo programas especiales de análisis, discusión y documentales.
Es inminente que el fallecimiento de esta figura religiosa haya tenido reacciones de todo tipo en gran parte del mundo, sin embrago, más allá de la figura eclesiástica está también la histórica, política y social.
El papa Juan Pablo II influyó de manera determinante en muchos de los acontecimientos que definieron el rumbo del mundo en las pasadas dos décadas.
Una década después de contemplar la caída del comunismo, el Pontífice visitó Tierra Santa en marzo de 2000 y, rezando en el Muro de los Lamentos de Jerusalén, pidió perdón por los pecados católicos contra los judíos en la historia.
Siempre expuso sus teorías –tanto a dictadores de izquierda como de derecha, así como a las democracias del mundo– de que el capitalismo y la globalización sin freno no son la panacea del mundo post Guerra Fría.
El Papa polaco entró en la escena mundial el 16 de octubre de 1978, nombró a más del 95 por ciento de los cardenales que entrarán en el Conclave que nombrará a su sucesor, y se cree que el elegido no se apartará demasiado de sus enseñanzas.
Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en la pequeña localidad de Wadowice, cerca de Cracovia, Polonia, en un humilde apartamento. Su padre era suboficial del ejército polaco y su madre murió en 1929.
En 1938, Karol se mudó a Cracovia, donde ingresó a la Universidad Jagellonian. Los nazis la cerraron cuando invadieron Polonia en 1939 y para escapar a la muerte o a la deportación los estudiantes se mezclaron con la población civil, haciendo distintas labores.
Pero Karol estudió en secreto para llegar a ser sacerdote y fue ordenado tras la Segunda Guerra Mundial, en 1946. Llegó a ser arzobispo de Cracovia en 1963 y fue nombrado cardenal en 1967, convirtiéndose en uno de los principales miembros anticomunistas de la Iglesia durante el periodo de postguerra.
Tras la muerte del Papa Juan Pablo II, Wojtyla llegó a ser el sucesor número 264 de San Pedro y, a la edad de 58 años, se convirtió en el Papa más joven de la historia.

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