Se nos acaba el agua
El futuro de la Ciudad de México depende de lo que gobierno y sociedad hagan para contar con agua potable. El gobierno debe ser capaz de garantizar un abasto financieramente viable y entender que el bienestar social está asociado directamente a la provisión suficiente y oportuna de agua con calidad, aunque para ello deba invertir capital político. El costo de proveer agua es altísimo y se incrementa, debido a la ineficacia de la administración del gobierno y el dispendio del consumo de la población. Mermas por fugas, ineficacia para cobrar, vigilar y sancionar tomas clandestinas, una infraestructura de tratamiento y distribución vieja y sobrecargada, elevan cuatro veces más el precio real que debería cobrarse y el monto del subsidio (se cobra dos pesos por un metro cúbico que cuesta diez pesos).
En esas condiciones, la ampliación de red es postergada y el mantenimiento resulta carísimo al erario público. Más de dos tercios del suministro, 63 metros cúbicos por segundo, proviene del sistema de acuíferos de la Cuenca de México, cuya red comprende nueve mil 600 kilómetros cuadrados. El agua es un recurso estratégico porque es un bien escaso y cuesta mucho abastecer.
Vale decir que ell desarrollo sustentable depende también de la cultura del agua de la sociedad capitalina. El círculo vicioso radica en que la población demanda agua y no paga lo que cuesta, el gobierno es incapaz de reducir costos y administrar óptimamente el recurso y las generaciones futuras se sorprenderán cuando el agua no alcance y deba pagarse más caro y deba comprar agua embotellada.
