El enmascarado de plata. Ultima parte
El primer boom de la lucha libre en México se dio durante la última etapa del gobierno de Miguel Alemán, en los albores de los años 50, sobre todo por las transmisiones de las luchas por televisión (suspendidas en 1954). En esos años, José G. Cruz comenzó a publicar su exitosa historieta del Santo y éste por su parte se ganó la devoción de buena parte del público al haber vengado algunas afrentas al orgullo nacional , como cuando derrotó a Sugi Sito en 1954 al ganarle el Campeonato Mundial Medio y de paso vengar a “Tarzan” López; o cuando conquistó para México el cetro mundial welter de la NWA ante Peter Pancoff, triunfo que lo hizo salir en hombros de la arena.
Todo México quería ver al Santo. Era tanta la demanda por verlo, que en varias ocasiones el enmascarado aparecía programado el mismo día y a la misma hora en dos arenas distintas, lo que significaba la aparición de algunos clones del Santo que aprovechaban el uso de la máscara para hacerse de dinero en pequeñas arenas del interior de la República. Rodolfo Guzmán comenzó a hacer su fortuna en esos años, pero también luchaba por un refresco y un plato de comida. Su gran sencillez y la manera obsesiva con que protegía su verdadero rostro, lo acompañarían hasta el día de su muerte.
Para finales de los años 50, Fernando Osés, luchador y actor, invitó al Plateado a trabajar en el cine, y aunque al Santo no le interesaba dejar el cuadrilátero por el set, aceptó. Fernando Osés y Enrique Zambrano escribieron las dos primeras cintas del enmascarado: Santo contra el Cerebro del Mal y Santo contra los hombres infernales, ambas de 1958 y dirigidas por Joselito Rodríguez. Con estos filmes, el ídolo de la lucha inició su carrera en el cine, y con el transcurso del tiempo las ofertas se sucedían una tras otra, porque su presencia representaba un éxito rotundo en taquilla.
Veinte años después de que naciera como un rudo bestial, el 5 de julio de 1962, El Santo luchó como técnico por primera vez acompañado por Henry Pilusso, contra los Hermanos Espanto. Semanas atrás la alineación era exactamente al revés: El Santo luchaba del lado de los Espanto, mientras que Pilusso conformaba una terna con el Rayo de Jalisco y Rito Romero. Sus compañeros traicionaron al Enmascarado de Plata y Pilusso entró en su ayuda. Había llegado el momento de administrar el cariño del público; ya no era necesario ser el malo y violento de la historia. La fama que había alcanzado El Santo entre los niños, gracias a las historietas de José G. Cruz y a sus primeras películas, lo había renovado por completo.
Desde entonces El Plateado nunca dudó de su condición de héroe, los niños se le acercaban cuando subía al ring y le pedían autógrafos; él los cargaba y se retrataba con ellos. Luego los bajaba cariñosamente, les daba un beso paternal y comenzaba la lucha. La rivalidad con los Hermanos Espanto culminó con una lucha de máscaras contra el Espanto I, celebrada el 30 de noviembre de 1963 y recordada como una de las más sangrientas en la historia de la lucha libre de México. Tanto que al terminar ésta, El Santo seminconsciente, con la máscara totalmente desgarrada y teñida de rojo, le preguntó al legendario aficionado don Erasto García, quién había ganado. “Usted Profe”, le dijo y lo ayudó a llegar al vestidor.
Su fama creció gracias a filmes como Santo contra los zombies (1961), Santo contra el estrangulador (1963), El barón Brákola (1965) y Santo y Blue Demon contra los monstruos (1969), aunque en diversas ocasiones la calidad de éstos fue menospreciada por la crítica nacional. El Plateado gozaba de gran popularidad tanto que, a menudo, era llamado para participar en campañas políticas a favor del PRI. Cuando Gustavo Díaz Ordaz fue postulado para la presidencia, la presencia del enmascarado atrajo cientos de partidiarios a uno de sus actos políticos; en otra ocasión otro candidato a la primera magistratura de la República expresó: “Dígale que le agradezco mucho su cooperación, pero al paso que vamos, ¡él terminará siendo el presidente!”.
El Santo filmó 24 películas taquilleras en las que alternó lo mismo con Blue Demon que con Gaspar Henaine “Capulina”, al tiempo que en los cuadriláteros ganó el nacional de peso medio al derrotar a Karloff Lagarde; el nacional de peso semicompleto ante El Espanto I; el mundial de peso medio ante René Guajardo, y durante tres años fue campeón nacional de parejas junto al Rayo de Jalisco.
El Plateado vive los setenta en la más alta gloria, pero ya no como el gran rival mano a mano que era. Su fuerza había mermado y tenía 60 años aproximadamente. Aun así, en 1975, El Santo, Mil Máscaras y El Solitario fueron declarados el mejor trío del año. En 1977 la Empresa Mexicana de Lucha Libre sufrió una ruptura entre sus elementos. El Plateado culminó su relación con la familia Lutteroth y, al igual que El Solitario, Tinieblas, Los Villanos y Mil Máscaras, se fue al bando de los ‘independientes’. Con ellos, en el Toreo de Cuatro Caminos escenificó los últimos combates de su vida.
Rodolfo Guzmán seguía luchando pero comenzaba a pensar en su retiro. Ya había sufrido un infarto al miocardio y el médico Horacio Ramírez lo apremiaba a tomar la decisión del retiro. Hubo tres despedidas oficiales: la primera, en el Palacio de los Deportes. La segunda, en la Arena México. La definitiva en el Toreo de Cuatro Caminos el 12 de Septiembre de 1982. Se reunió de nuevo con sus grandes amigos: “Gori” Guerrero, “Huracán” Ramírez y El Solitario, para enfrentar a la cuarteta integrada por El Texano, El Signo, El “Negro” Navarro y El “Perro” Aguayo, su último gran rival. Los rudos fueron descalificados por exceso de rudeza. Querían darle la despedida que se merecían y se ensañaron con él. No era para menos; en 50 años, había participado en más de 10 mil combates, había rapado y desenmascarado a decenas de luchadores que trataron de ponerse a su nivel, había ganado todos los campeonatos posibles, había visto el nacimiento y derrumbe de cientos de luchadores y seguía ahí, como un rey viviente, resistiendo la vida y la lucha, que para él eran una sola batalla larga y misteriosa pero con, límite de tiempo.
Al retirarse se dedicó a la producción se sus propias películas y trabajando como escapista al lado del mago Yeo en el Teatro Blanquita. Aun en las giras teatrales era celoso de su incógnita, nunca se quitaba la máscara; para comer usaba una tapa mas abierta. El Santo supo que estaba desahuciado. No le bastaban sus actos de escapismo ni el efusivo amor que le demostraban sus hijos y seguidores para saciar sus ansias de vivir. Cuando vio al menor de sus vástagos usar su máscara y subir a un encordado, no pudo contener el llanto; la vida que había sido tan pródiga con él le comenzaba a dar la espalda. Semanas antes de morir sorprendió al público cuando descubrió su rostro en el programa Contrapunto, conducido por Jacobo Zabludowsky. Esa fue quizá una señal premonitoria del próximo final de su vida. Ya no tenía sentido conservar en secreto lo que el tiempo se encargaría de hacer polvo. Cuando lo enterraron llevaba puesta su máscara; la convirtió en su propio rostro.
El 5 de Febrero de 1984 al concluir una presentación se sintió agotado y en su camerino se acostó para reposar. Pero la muerte lo aguardaba y fue trasladado de urgencia al Hospital donde al poco tiempo dejó de existir, víctima de un infarto al miocardio a la edad de 67 años.
En la segunda función que comenzaba a las nueve de la noche dieron la noticia de la muerte del ídolo. Todos los cuadriláteros de la República guardaron un minuto de silencio en memoria de aquel hombre. El 6 de Febrero, después de su funeral, El Plateado fue sepultado en Mausoleos del
Un comentario en “El enmascarado de plata. Ultima parte”
yo creci teniendo al santo como mi idilo, no me perdi una sola de sus peliculas, en una ocasion la vida me dio la oportunidad de platicar con el muy brevemente, y aunque yo era muy joven aun recuerdo que les comentaba a otros amigos luchadores de el, entre ellos rito romero, que “algunos de los luchadores actuales no sabian aplicar el candado, ya que lo hacian con la mano sin girarla y asi cualquiera se les safaba” descanse en paz el idolo de mi infancia.

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ezequiel leyva
4 de December de 2006 a las 8:57 pm