SÓLO SÉ QUE AS
En Sólo sé que así fue, Orlando Ortiz habla sobre una generación: la de los jóvenes que en México participaron en el movimiento estudiantil de 1968 y cuyos pensamientos y acciones concurren con cierto desencanto.
No es la tristeza ni incluso la amargura originada por la represión del movimiento las sensaciones que pueblan las historias de los libros Secuelas y Desilusión óptica, integradas en este volumen; quizás es la delgada línea que separa el trauma histórico del anhelo colectivo la que deja ver una incertidumbre hacia el futuro y al mismo tiempo, la nostalgia de una época que los personajes miran extinguirse.
“En los dos libros, creo, los jóvenes podrán encontrar algo que Sólo sé que así fue, y espero que no vuelva a ser”, escribe el autor en la nota preliminar del texto, y sus palabras resuenan en la imaginación y en las voces de sus personajes dolorosos y humorísticos, y a veces, colmados de un rencor profundo. De esta manera es como Orlando Ortiz nos revela la visión de los tiempos que sucedieron a este oscuro acontecimiento en la historia de la nación, y con ellos a los hombres y mujeres que juntó y dispersó el gran molino de las luchas sociales:
Así Babuc “golpeado por agentes de todas las policías”, soportando como Sísifo su terrible tormento; así la suerte del bigotón, héroe revolucionario en retirada, que a final de cuentas se da tiempo para el amor; así el hervor de la violencia y la sangre en los luchadores de Tercera caída; así la idea de la revolución en el cuento Las amigas: “Lo importante es acabar con tanta pinche mierda que nos está ahogando, acabar con todo. Porque si una piensa y teoriza y no se hace nada, te estancas, te haces reaccionaria, te pierdes en pendejadas sin sentido; como el que se preocupa por lo que va a ser de sus hijos después de que se muera y queden solos en el mundo. ¿Cuál mundo? Después de que chupas faros no hay nada, todo vale madre, no existe, ¿ves? , no tiene caso pensar en eso. La revolución es la revolución, es la revolución…”
Sólo sé que así fue (1986) y Desilusión óptica (1988) son dos obras que en su tiempo circularon escasamente entre los lectores. Ahora son reeditados íntegramente en este volumen, lo que representa una nueva oportunidad para conocer la entraña que guardan cada uno de sus personajes forjados al calor del amor, la violencia, la esperanza y las ideologías.

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