El cartel callejero, un arte y un discurso.
Enrique Martínez Maurice asegura que sobre los muros desgajados de la Ciudad de México existe un arte y un discurso que invita al gozo. Se refiere al cartel callejero: esas famosas impresiones que anuncian tocadas de sonideros, metaleros, salseros, gruperos, así como funciones de box y lucha libre, a las que él mismo considera “documentos históricos”, porque ofrecen su propio registro y narración sobre el acontecer de la vida urbana.
Para el artista plástico apodado La Rata , las posibilidades creativas de estos anuncios son infinitas, sobre todo cuando el emplaste de unos sobre otros —ya sea de manera natural o manipulados deliberadamente— dan pie a nuevas formas y contenidos que van desde escandalosos juegos de imágenes, colores, palabras y letras, hasta estridentes alegorías y mezclas satíricas.
“El cartel callejero es la más honesta invitación a sentirnos verdaderos. Asistir a una tocada o a una función de lucha libre, por ejemplo, es motivar al público a reinventarse, a sentirse triunfador e importante. En este tipo de cartel reside toda esta carga emotiva que nos hace reconocernos iguales dentro de un espacio privilegiado”, comenta Enrique Martínez, cuyo trabajo será expuesto en el Museo Nacional de Culturas Populares en la muestra Callejeros somos, que será inaugurada este sábado 22 de julio a las 17:00 horas en el pasillo de la Quinta Margarita de dicho recinto.
Bastión de resistencia o reducto donde se confabula contra la cultura dominante, el cartel callejero también incita a participar en la creación de la realidad y no a la suplantación de la misma como ocurre con los medios de comunicación. En este sentido, se puede asegurar que estos anuncios conforman el gran testimonio de la creación colectiva en el que la gente participa para decir algo, agrega Martínez.
En cada uno de los trabajos seleccionados para esta exposición, el artista comparte aquello que el rastro de los carteles callejeros han dejado sobre otras tantas impresiones y que a la vista pudieran representar las distintas pieles de una ciudad.
“Fantasías dotadas de realismo, osadas figuras que emergen sin límites envueltas en una constante lucha entre el bien y el mal y entre el humor voluntario e involuntario; iconos religiosos, anodinos personajes y alguna que otra estrella convergen en esta ensalada de la cultura popular mexicana”.
Entre los aspectos más notables que el cartel callejero revela en esta exposición, se encuentran las historias de personajes anodinos, es decir, aquellas efímeras celebridades cuyo nombre, ilustración o fotografía fueron impresos en dichos espacios y ahora se hallan perdidos en las entrañas de la gran urbe: el músico, el actor y la actriz, el payaso, el grupo musical, el cantante, el boxeador o el luchador que no conoce nadie. “En esta exposición hay mucho de ese artista o deportista que no llegó a figurar, y que quizás ahora trabaja en cualquier cosa”.
Durante cinco años, Enrique Martínez recopiló de forma espontánea este material con el que produjo las 20 piezas que se exhibirán en la muestra; la idea, dice, era que los carteles recuperaran parte de su propia esencia.
Convencido de que este “pegoteo” es resultado de un arte que emerge gracias a la voluntad colectiva de crear, inventar o reinventar, La Rata Martínez considera que el cartel callejero también es un acto de resistencia contra el concepto artificial del arte, es decir, aquél que promueve la satisfacción de un deseo generado por la necesidad material.
“Aquí es lo espontáneo, el espíritu y el sentir de la gente; es una cuestión viva, emocional, visceral y todos los que participamos en ese proceso lo hacemos a través de enlaces. En el pegoteo cada quien pone algo de su talento”.
Respecto al desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al diseño y la producción de carteles y su relación con el futuro de esta expresión popular, Martínez Maurice resalta que estos anuncios callejeros son oriundos de talleres de imprenta donde también tiene lugar la creación del diseño, la composición y originales mecánicos para su impresión; en este sentido, sentencia que la tecnología y sus encantos tendrán que ceder en ciertos espacios porque ni siquiera ésta podrá sustituir la huella humana, el testimonio de la sociedad y todo aquello que se revela en las superficies de las bardas.
En México, el cartel callejero tiene sus antecedentes a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando se anunciaban afuera de los teatros de la capital funciones de operetas y zarzuelas. Las primeras salas de cine también se valieron de este recurso, a través de montajes fotográficos y letras de distintos tamaños y estilos para anunciar sus filmes. Fue así que en las taquillas, salones de baile, carpas y jacalones se podían leer carteles con la leyenda: Hoy tres tandas hoy , que rotulados a mano invitaban al disfrute de los espectáculos y a la conformación de una identidad a través de la cultura popular.
Sucedía lo mismo en las funciones de box y lucha libre efectuadas en el Teatro Principal y Colón, en cuyos carteles resaltaban los sobrenombres de los contendientes y las referencias de su fuerza o rudeza.
El ensamble de pedacería del cartel callejero ¾ recopilado por Enrique Martínez Maurice en barrios de la Ciudad de México y Cuernavaca, Morelos ¾ es una reunión de todo tipo de manifestaciones de la cultura popular mexicana donde, en propia opinión del artista “nos reflejamos como una masa avasallante en el ritual festivo contemporáneo, catártico y compulsivo”.
La exposición Callejeros somos estará abierta al público hasta el mes de septiembre en el Museo Nacional de Culturas Populares, ubicado en avenida Hidalgo 289, colonia del Carmen, Coyoacán.

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