El juguete popular mexicano
Dos hechos coinciden para recrear la tradición de la juguetería artesanal mexicana: la muestra El juguete popular mexicano y la edición del libro El juguete mexicano, coordinado por Enrique Flores Cano.
La exposición en el Museo de Culturas Populares está integrada por 328 piezas de diferentes materiales, función lúdica y procedencias- y se presenta en la sala María Sabina, de dicho museo.

Esta muestra permite al público conocer una colección de retablos y nichos en miniatura de los pintores María Teresa Romero y José Valdés, cuyas obras acopian jarritos de Tonalá, platitos laqueados de Morelia, palma de Veracruz y Puebla y barro negro de Oaxaca, entre otros muchos objetos de cerámica y madera.
El libro, publicado por Taurus, contiene una amplia variedad de fotografías, con diseños que cada vez son menos familiares a los niños de hoy. Contiene una serie de ensayos de Jorge F. Hernández, Marta Turok y Gerardo Sánchez Díaz; las fotografías son de Jorge Pérez de Lara. El libro se propone ser un homenaje a esa tradición y continuar con el proceso de revaloración del juguete mexicano. La colección de imágenes impresas resulta ser un magnífico muestrario de la creatividad y belleza del juguete mexicano.
La muestra La vida es una cajita está compuesta por 24 nichos y retablos, además de que reúne paisajes, espacios y ambientes cotidianos de los entornos rural y urbano de México: casas, tiendas, plazas, talleres, recintos religiosos, altares de muertos, cocinas, lavaderos, sanitarios, comercios, bodegas, árboles de la vida, mercados y cantinas. Entre sus espacios describe una cantina de pueblo con parroquianos, botellas, copas, vasos, flores y cigarrillos.
Las miniaturas están elaboradas -igual que los juguetes de uso manual- con todos los materiales posibles: madera, barro, pintura, textiles de todo tipo, hojalata, flores, raíces, granos, papel, plástico, plumas de ave, fibras, caracoles de mar, cuero, esmalte, tela, vidrio soplado, restos de utensilios domésticos e incluso migajón.
La colección de juguetes de manipulación infantil reúne baleros, trompos, yoyos, muñecas de trapo, animalitos de diversas especies y materiales, instrumentos musicales, soldaditos, alcancías, mueblecitos y utensilios domésticos, churumbelas, matatenas, soldaditos, alfeñiques (figuras de azúcar), etcétera.
La exposición está organizada por ramas artesanales, según los materiales con que están hechos: cartonería, hojalatería, cerámica o alfarería, madera, plomo, fibras vegetales, tela, vidrio soplado, carrizo y bejuco. Estos, el barro y la madera, fueron de mayor uso en la época prehispánica.
La mayoría de los juguetes son producto de la fusión de modelos prehispánicos y españoles, aunque algunos, como los de hojalata y plomo, proceden de otros países europeos y llegaron a México durante o después de la Colonia. Los soldadidos de plomo, por ejemplo, fueron originarios de Nuremberg, Alemania, en el siglo XVIII.
La muestra tiene una sección dedicada a los juguetes de temporada, entre los que resaltan el uso de matracas, silbatos, judas y periscopios de cartón en Semana Santa; mulitas en Jueves de Corpus; calaveritas de alfeñique, y panes decorados.
También hay calacas en Día de Muertos; banderitas, huevos de harina, rehiletes y espadas en las Fiestas Patrias; piñatas, sombreros y silbatos en las posadas, y máscaras y disfraces en el Carnaval.
El juguete popular mexicano
Abierta al público hasta el 30 de abril
Museo Nacional de las Culturas Populares. Sala María Sabina
Hidalgo 289, Centro de Coyoacán

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