¿Estás frito?
El aceite de cocina es un líquido graso, no soluble en agua, que puede tener diferentes orígenes vegetales: girasol, oliva, soya, canola y maíz, entre otros. Los hay puros o compuestos; es decir, que tienen una procedencia única, o que está conformado por la mezcla de diferentes concentraciones de los diferentes aceites.

Uso diario
Debido a los problemas de obesidad en el mundo, la Food and Drug Administration de los Estados Unidos (FDA) recomienda que sólo el 30% de las calorías que se consuman sean de origen graso. Sin embargo, la cantidad en la ingesta debe ir en función de las actividades diarias y el entorno en donde cada persona vive. Por ejemplo: si se habita en lugares extremadamente fríos habría que aumentar la cantidad de grasas.
De acuerdo con la nutrióloga Socorro Fernández, un mito sobre el uso del aceite es que si a la sartén se le engrasa muy poquito con el óleo, el platillo preparado será más sano. Claro que, según ella, esto nos obliga a dejar más tiempo el alimento en la sartén para que éste se cocine adecuadamente, sin imaginar que así, absorberá más grasa.
“Es mejor cocinar con mucho aceite, calentarlo y, entonces, sumergir en él el alimento. Así, éste se cocinará más rápido y absorberá menos grasa”, explica la especialista.
Por otro lado, la experta también comenta que es del conocimiento público que el aceite de oliva es uno de los más sanos, y que por ello mucha gente lo utiliza para cocinar. El problema con éste, es que cuando se calienta mucho, comienza a humear, lo cual es un signo de la saturación del óleo, lo que prácticamente elimina sus beneficios.
Es importante que no dejes que el aceite que empleas para cocinar suelte humo. Para que lo evites, aquí tienes las temperaturas del punto de humeo de algunos aceites:
Aceite de oliva (extra virgen): 190 °C.
Aceite de oliva (virgen): 215 °C.
Aceite de sésamo (semi refinado): 232 °C.
Aceite de soja: 241 °C.
Aceite de girasol: 246 °C.
Aceite de cártamo: 265 °C.
Otra recomendación de Fernández es no reutilizar el aceite, no importa la marca y su origen. El uso continuo de esta grasa líquida, provoca su saturación, y al consumirlo, comienza a acumularse en la sangre, aumenta los niveles de colesterol y puede generar trombos (coágulos que tapan el flujo sanguíneo), capaces de quitarle la vida a cualquier persona.
¿Cómo elegirlo?
La elección del aceite dependerá de tus necesidades y gustos. Aún así, la nutrióloga recomienda que antes de adquirirlo, revises sus valores nutrimentales y elijas aquel que te ofrezca menor cantidad de grasas saturadas, pero más insaturadas (monoinsaturadas de preferencia), pues suelen ser más sanos.
Ahora, algunos los aceites compuestos están formulados para ofrecer mayores beneficios. Ejemplo de ello es el aceite Capullo, el cual es rico en ácidos grasos omega 3, 6 y 9, mismos que ayudan a proteger el endotelio vascular, el corazón e impiden la acumulación del colesterol en las arterias.
Sin embargo, aún con los beneficios que ofrecen los nuevos óleos, la ingesta debe ser moderada.
Aceites para freír
Muchos aceites, como el de oliva, pueden ser perjudiciales al calentarlos por encima de los 280º C, pero entre los que se pueden utilizar para preparar frituras están:
Los aceites de almendra, de semilla de albaricoque, cártamo, soya, cacahuate y semilla de uva.
Para freír alimentos a temperaturas medias, puedes utilizar:
Los aceites de girasol y sésamo.
¿Qué hacer con el aceite?
Una vez que hayas usado el óleo, deposítalo en una botella de plástico o cristal, ciérrala perfectamente y deposítala en la basura.
Fuente: Esmas

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