Un último adiós. Requiem por un payacho

Trístisima procesión de payasos vagabundos en luto. Lo primero que se escuchó fueron redobles de un tambor y luego un par de trombones cuyo sonido atravesó las butacas. En la puerta principal del Teatro Benito Juárez, entraba un puñado de payasos llorando la pérdida, acompañado de una música que recordaba los funerales de Nueva Orleans. En un diablito llevaban un ataúd y dentro de éste yacía un payaso muy largo, ya que sus enormes pies salían por debajo de su negro féretro.

Los payasos gritaban la pérdida de quien parecía ser su padre. Y lejos de causar melancolía, provocaban la risa de los asistentes. Al llegar al escenario, se oyó la voz de una mujer, que describió la miserable vida de un payaso que le salió todo mal: “hacía reir a los niños, pero hacía llorar a sus hijos”.

Y los hijos, payasos ataviados con prendas de luto, eran quienes más sufrían la pérdida. Sin embargo decidieron hacer un espectáculo de cuerpo presente, como símbolo de despedida, con una serie de malabarismos que incluían monociclos, machetes, bolos y fuego.

Ambientado con música en vivo, el espectáculo es un despliegue multidisciplinario en donde el público forma parte activa de toda la puesta en escena, la cual es desarrollada por la Compañía de Teatro Comparsa La Bulla, un grupo de payasos más cercanos a las cintas de Tim Burton, que el payaso Bozo.

De esta forma, hay una pasarela de personajes que causan miedo y risa al mismo tiempo: un cocinero que ofrece vino con una rata dentro del recipiente y que prepara guisos con perros, pollo, elotes e insectos; un rabino poeta que intenta salvar el alma del difunto; la viuda gótica y sensual; el payaso chillón; el ingenuo y destructor mimo; el panzón y músicos con aspecto de muertos vivientes.

Todos ellos reunidos en el Requiem de un payacho, nombre del espectáculo clown que forma parte de la Tercer Muestra de Artes Escénicas dela Ciudad de México, que se lleva a cabo durante noviembre en diversos recintos del Distrtio Federal, como el Teatro de la Ciudad, el Teatro Benito Juárez, el Teatro Sergio Magaña, el Faro de Oriente, entro otros.

Y como se trataba de despirse de un hombre que dedicó su vida a hacer reir a desconocidos, el rabino poeta invitó al público a subirse al escenario a dejar flores al difunto y dar el pésame a la viuda y a los hijos. Esto fue muy bien visto por los payasos, así que se armó tremenda fiesta arriba del escenario, con flores por todos lados, baile y risas.

Al final, dijo el rabino “pues como dijera el payaso muerto: ya no los entretengo más, la risa ha terminado”. Y la gente se fue yendo poco a poco, liberada de muerte, con flores en las manos e hinchada de alegría.

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